El enfoque Capizant se construye sobre un principio: aprendés a vender vendiendo de verdad, no mirando presentaciones ni memorizando guiones.
Cada sesión sigue el mismo ciclo: presentás tu producto o servicio al grupo, el grupo responde con honestidad, y llevás esa devolución a una conversación real antes de la siguiente sesión. Este loop — presentar, recibir, ajustar, intentar de nuevo — es como se desarrolla la habilidad real.
No hay notas, no hay competencia, no hay juicios. La única métrica que importa es si tu próxima conversación sale mejor que la anterior.
Equivocarse frente a pares que están en la misma situación es fundamentalmente diferente a equivocarse frente a un cliente real. El taller ofrece un espacio donde los errores son esperados y útiles.
Tus compañeros son tus potenciales clientes. Sus reacciones — confusión, interés, duda — son datos reales sobre cómo aterrizá tu presentación en el mundo real.
Trabajar con tu producto o servicio real significa que cada aprendizaje es inmediatamente aplicable. No hay traducción necesaria entre lo que practicás y lo que salís a hacer.
El aprendizaje real ocurre entre sesiones, cuando tomás lo que el grupo te mostró y lo probás en conversaciones reales. Cada sábado empieza con un debrief de lo que pasó durante la semana.
El taller evita deliberadamente el contenido que le incomoda a la mayoría de la gente en las capacitaciones de ventas: técnicas de cierre que se sienten manipuladoras, tácticas de urgencia que se sienten deshonestas, y guiones que te hacen sonar igual que todos los demás.
En cambio, el foco está en la claridad — poder explicar qué hacés, para quién es y cuánto cuesta, de una manera que le permita a la otra persona tomar una decisión informada. Eso es todo. Ese es todo el trabajo.
"El objetivo no es convencer a quienes no quieren lo que tenés. Es encontrar a los que sí lo quieren y hacerles fácil decir que sí."
Gral. Lavalle 1828
San Fernando, Buenos Aires